miércoles, 13 de octubre de 2010

28 días después

Sé que he tardado mucho en escribir una nueva entrada. He estado un poco ocupado últimamente con las visitas paternales y vecinales (a ver si la próxima incluyen hermanales, cuñadales y sobrinales entre otros). Me iba a esperar al día 15 para escribir algo nuevo y conmemorar que llevo aquí un mes, pero aprovecho este rato para seguir contando mis experiencias en Adventureland.

En este post iba a contar cómo es la universidad bobina de Maastricht, hay cosas más importantes que contar, así que resumimos: una hora de otobús, empiezo a las 9:30 y acabo a las 17:00 dando la misma asignatura y luego coger dos otobuses más para volver. Las clases van guay, nos han separado en grupos raciales (yo estoy en la unión de los desechos: 2 holandeses, un belga y otro español). Y las clases son bastantes prácticas, creo que cuando acabe el curso seré capaz de abrir mi propio negocio, ya sea una tienda para zurdos o de andares raros.

Ya he cubierto parte del mapa belga: Brujas, Bruselas, Gante y Amberes. A Bruselas hay que volver  a verla con mas detenimiento ya que me pareció una ciudad asombrosa, diseñada por Ted Mosby junto con el Arquitecto de Matrix. En Amberes sólo estuve para hacer un pequeño video documental de una empresa de publicidad (en estos momento me han informado que la cinta está corrupta y el jueves es la presentación, ya contaré si todo se ha solucionado o si me tocó hacer un tetro chino sobre la empresa).

El motivo por el cual he escrito este post, se me había ido el perolo más que cuando me inventé la porra del comunio, es que ya tengo bici! Sí una bonita y flamante bicicleta roja, aquí os dejo un video de como es, sólo teneis que pensar en color rojo, la bandera la he dejado tal cual:


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La bici está muy alta, nunca 1,73 había sabido a tan poco. Mañana iré a que me hagan los arreglos porqué en el primer viaje ya he conseguido girar la rueda delantera hacia la izquierda y hacer la mitad del camino con el sillín hacia la derecha. Tengo que aprender a cogerme a las farolas cómo hacen los belgas cuando paran, y con práctica a final de año ya podré dejar de usar las manos. Por cierto, ya he aprendido a hacer un par de trucos, aunque Pedro no hacía más que mirarme:

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